Trazar la línea
Nada ni nadie parece salvarse de estos tags. Alguien pinta la fachada de su casa o negocio y al día siguiente tiene una de estas marcas.
Cerca de dos años tardaron las obras de renovación de la plazoleta de la facultad de Arquitectura de la Universidad Nacional de Colombia, y solo un par de horas después de su apertura ya la habían rayado. Sobre las gradas de mármol y concreto escribieron nombres con marcadores y dibujaron ojos y flores. No son grafitis, son tags (etiquetas); son los nombres o pseudónimos de esas personas que decidieron usar un espacio público para dejar su huella y decir “aquí estuve”. Como el perro que marca con orina paredes y troncos de árboles.
Nada ni nadie parece salvarse de estos tags. Alguien pinta la fachada de su casa o negocio y al día siguiente tiene una de estas marcas. Instalan las pantallas acrílicas en el puente Vizcaya, para evitar que la gente se tire de ahí, y en cuestión de días ya estaban rayadas. Pintan de amarillo la baranda de alguna vía y ahí está la etiqueta. Levantan un muro y antes de que seque el concreto ya está “tagueada”.
Hay tags en la fachada de la Alcaldía y la Gobernación. En restaurantes y tiendas de ropa. En baños públicos y buses. En los separadores de las avenidas y en los túneles. Incluso hay tags sobre grafitis y otros tags. Y no hay control urbano que limite y sancione esta práctica, a pesar de que el Artículo 265 del Código Penal colombiano, que refiere al daño en bien ajeno, indica: “El que destruya, inutilice, haga desaparecer o de cualquier otro modo dañe bien ajeno, mueble o inmueble incurrirá en prisión de dieciséis (16) a noventa (90) meses y multa de seis punto sesenta y seis (6.66) a treinta y siete punto cinco (37.5) salarios mínimos legales mensuales vigentes, siempre que la conducta no constituya delito sancionado con pena mayor”.
“El grafiti podría categorizarse como vandalismo o 'garabato' cuando es un parche al azar en cualquier pared vieja y sin significado”, Dan Pearce.
Quienes defienden el tag alegan que hace parte del grafiti, una de las bases de la cultura hip hop, que nace en los Estados Unidos en los años 70 del siglo pasado. Pero como todo movimiento cultural, este ha evolucionado: pasaron de rayar los vagones del metro de Nueva York y las paredes de Brooklyn a las galerías de arte. Hoy hay tours para ver grafitis en ciudades tan distantes como Berlín, Tokio y Medellín, porque ya se entienden como una expresión artística urbana que va más allá de dejar una marca.
Sin embargo, Andrew Kulman, profesor de la Escuela de comunicación visual de la Universidad Ciudad de Birmingham, señala que esta aceptación social del grafiti - curada en espacios y con paredes designadas para estas manifestaciones - invita a aquellos practicantes más subversivos a ir más allá de los límites y sean más extremos. “Muchos artistas que pintan grafitis creen que la propiedad pública es el mejor lienzo para exhibir su trabajo artístico, sobre todo si manifiestan opiniones sociales o políticas (…) El etiquetado es una manera de vida codificada para las bandas grafiteras y puede verse como algo arbitrario para aquellos que no estén al corriente de esta cultura”, dice el académico.
Por su parte, Dan Pearce, un artista de medios mixtos que ha trabajado con grafiteros, dice: “El grafiti podría categorizarse como vandalismo o 'garabato' cuando es un parche al azar en cualquier pared vieja y sin significado”. Y la crítica de arte mexicana, Avelina Lésper, no duda de calificar estos actos como “vandalismo” porque “agreden” y “violentan” el espacio público. Eso es el tag: rayar porque sí. Por dejar un nombre escrito en cualquier lugar.
“El etiquetado es una manera de vida codificada para las bandas grafiteras y puede verse como algo arbitrario para aquellos que no estén al corriente de esta cultura”, Andrew Kulman.
Que es inmoral. Que es ilegal. Que es una forma de expresión y comunicación. Que si es arte o no… Las discusiones se han dado y, aunque las opiniones están divididas, la mayoría se inclina en que lo que hicieron sobre las recién inauguradas obras de la antigua estación del cable aéreo es vandalismo. Es un daño al bien público, con el agravante de que este lugar fue declarado en 1996 patrimonio y monumento nacional.
Ya está en manos de las autoridades hacer algo y trazar la línea, el límite, con esto de los tags que se están saliendo de control.




Alejandro, es Universidad Nacional no de Caldas